Muchacha guaduera en traje de domingo
"Muchacha guaduera en traje de domingo" publicado en: "Acuarelas de Mark : un testimonio pictórico de la Nueva Granad", Edward Walhouse Mark..
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Trajes y modas

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La nobleza local 
Adiós a las pelucas

Durante el proceso de independencia ocurrieron cambios que, de alguna manera, pasaron desapercibidos. Los cambios en la forma de vestir de las élites fueron consecuencia del auge mercantil y manufacturero, como también de los cambios políticos que ocurrieron en Europa. La caída de la monarquía en Francia, el auge de la República y el advenimiento de la época napoleónica tuvieron especial incidencia en el cambio de los estilos y los gustos en el modo de vestir. 

La influencia de esos cambios no se restringió al ámbito europeo sino que se extendió en forma rápida y potente a las colonias iberoamericanas. En cierto sentido, hubo un abandono del artificio y una búsqueda de lo natural y sencillo en los trajes y adornos de la persona.

Atrás quedaron los corsés y miriñaques que aprisionaban el cuerpo femenino –como bien dijera la historiadora Aída Martínez–. En la nueva época se puso de moda el camisón: una especie de bata en fino algodón. Una pieza que contorneaba el cuerpo y le daba libertad. La princesa Josefina gustaba llevarlo, hecho que incidió en su difusión. Una pieza que acompañó al camisón fue el chal. Elaborado con tela importada de Cachemira, daba contraste y servía para cubrirse en invierno. 

Entre los hombres, el uso de levita, chaleco y pantalón, moda de origen inglés, alcanzó gran influencia. En nuestro país, esta gran transformación ocurrió justo durante el proceso de independencia. Pero, como hemos advertido, se dio principalmente en los grupos sociales de patrimonio, fueron ellos los comerciantes, abogados y militares, quienes importaban estas prendas. 

Aunque los sectores populares, que mantuvieron sus prendas tradicionales, pronto enseñaron novedades importantes. Algunas de las cuales serían las prendas de identidad nacional.

Técnicas para adiestramiento de caballos
Noble, iustración proveniente del Codex Trujillo , Tomo I
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La nobleza local 

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Dos pinturas, exhibidas en los museos de Bogotá, enseñan los cambios que comentamos. Una es la de María Tadea González, esposa del marqués de San Jorge, expuesta en el Museo de Arte Colonial, y la otra se identifica como Dama con niño, elaborada por Joaquín Gutiérrez en 1801 y presente en el Museo del 20 de Julio.

Como puede observarse, en la primera encontramos una típica representación de corte, en donde la intención de realzar la distinción y la elegancia obligan a la monumentalidad del traje. El cuerpo del vestido, elaborado en fina seda y bordado, se sostiene en el corsé y el miriñaque que le dan volumen. Esta pintura está acompañada, además, del escudo nobiliario de la familia. En la segunda pintura, por otro lado, encontramos un aire más criollo, aunque igualmente noble. El escote y la desnudez de los brazos fueron parte esencial de la nueva moda; fragmentos de una bata que en su sencillez no perdía el buen gusto. En este caso, el retrato en miniatura del marido que la mujer lleva en el medallón da todo un sentido de época. Justamente, ese elemento dio, en una equivocada interpretación, un motivo para reparar con interés en este cuadro.

Documentos relacionados 

Retrato de La Señora Doña María Thadea Gonzales Manrique del Frago Bonis, Natural del puerto de Santa María, Ilustrísima Marquesa de San Jorge de Bogotá - Joaquín Gutiérrez, Obra gráfica, 1775. Colección Museo Colonial.
 
Arte de conservar y de aumentar la hermosura del cuerpo humano y medios para corregir y disimular las imperfecciones de la naturaleza, [tomo II], [tomo III], [tomo IV] - París, Imprenta Decourchan-Librería Americana, 1828.  

Retrato de Santander
"Francisco de Paula Santander", óleo de José María Espinosa Prieto, 1853. (Museo Nacional de Colombia)
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Adiós a las pelucas

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Otro cambio importante que tuvo lugar durante este significativo período fue el que ocurrió en el peinado. Entre las mujeres ya no se usaban artificios para elaborar peinados monumentales; ahora se trataba de peinados gratos y sencillos, en lo que los bucles y las trenzas estaban sostenidos con peinetas. Igualmente importante fue el cambio en los hombres. Las pelucas empolvadas que usaban los nobles fueron olvidadas y vistas como propias de una época, sino odiada, caduca. El corte de cabello a lo Napoleón finalmente se impondría. Se llevaban sombreros de copa alta. Pedro María Ibáñez comenta que los hombres se afeitaban el bigote y la barba, y llevaban patillas cortas. Aunque parece que Francisco de Paula Santander era un amante inclaudicable de su bigote.