El día de San Juan en las tierras calientes
"El día de San Juan en las tierras calientes", Torres Méndez, Ramón. Litografía, 26 x 33 cm. Colección Germán Arciniegas.
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Juegos y diversiones

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La equitación, una novedad de la época
Las corridas de toros

En el día a día de los neogranadinos existía un amplio abanico de juegos y diversiones. Algunos eran muy antiguos y se remontaban a la época de la Conquista. Tanto en España como en América, los juegos de naipes y de dados eran una pasión. Las autoridades hacían esfuerzos infructuosos por contenerlos. Los reducían a días festivos, a lugares públicos y a mayores de edad, pero con demasiada frecuencia se descubría gente que contravenía estas normas. Y de ello no se escapaban ni los funcionarios del gobierno ni los clérigos. Al final del siglo XVIII, lo que más inquietaba a las autoridades era que por el vicio del juego la gente se volviera ociosa, perdiera sus bienes o los jóvenes entraran en este hábito “malsano”. 

En los días festivos de casi todas las ciudades se abrían puestos de truco, una especie de billar que también gustaba a la población. Sin embargo era en las fiestas mayores cuando se realizaban las entretenciones que más hacían gozar al público. Sin lugar a dudas, las mayores pasiones eran las corridas de toros, seguidas de las carreras de caballos, las vacas locas y las riñas de gallos. A los niños, por otro lado, les atraían de manera especial los espectáculos de maromeros, comedias, los fuegos artificiales, las cometas y las marionetas gigantes. Era muy llamativo, aún en fiestas religiosas como el Corpus Christi, el desfile de alegorías gigantes, unas veces representando ballenas, otras veces ángeles y demonios. Todas estas diversiones estuvieron presentes en las fiestas de la Independencia y casi podríamos decir que se han conservado hasta el presente.

Documentos relacionados 

Aviso al respetable público - Bogotá, S.n, 1830.
 

Memoria sobre las diversiones públicas - Gaspar Melchor de Jovellanos, Madrid, Imprenta de Sancha, 1812. 

El gran lance de saque de peón improbando el 23 que trae Cecina Rica en el tratado de Eutropélia, siendo tablas forzosamente, y modo más seguro de ganarlo sacando el peón a las nueve jugadas - "Aficionado americano", Lima, s.n, 1819. 

Jinétes de la ciudad y el campo
Jinetes de la Ciudad y del Campo, Ramón Torres Méndez. Colección de cuadros de costumbres colombianas. Ed. Cromos, 1920. p. 27
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La equitación, una novedad de la época 

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La profesionalización de los ejércitos europeos a finales del siglo XVIII, en los que la caballería constituye una de sus principales fuerzas después de la naval, hace que la práctica de adiestrar y montar caballos se convierta en un arte. Uno de los primeros manuales escritos sobre el arte de la equitación, publicado en 1802, lo hemos encontrado entre nuestros tesoros antiguos y lo queremos compartir con los lectores: Manejo real o tratado de equitación del excelentísimo señor conde de Grajal. Como podrá observarse, este preciado manual no sólo explica sino que ilustra cada uno de los pasos que se debían cumplir para montar correctamente un caballo. Tiempo después se inauguraría en Bogotá el primer hipódromo del país. 

Documentos relacionados 

Manejo real, ó, tratado de equitación - Manuel Alvarez Ossorio y Vega Conde de Grajal, Cádiz, Manuel Santiago de Quintana, en su Imprenta de la calle de la Verónica, 1802.  

La montada en corridas de toros, Bogotá
"La montada en corridas de toros, Bogotá", Litografía- A. Delarue, París. publicada en "Ramón Torres Méndez: pintor de la Nueva Granada". Efraín Sánchez Cabra, Fondo Cultural Cafetero, 1987. p. 186
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Las corridas de toros

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Los toros y la pasión por correr o torear llegaron con los conquistadores en el siglo XVI. Pronto, se popularizó y se conocen casos de afamados toreros indígenas y negros. Tal era la pasión por la fiesta de los toros, que cuando Carlos III decidió acabarla, en Santafé, el virrey Pedro Messía de la Cerda se vio precisado a divulgar el decreto de su abolición, pero en secreto, en su hacienda Serrezuela, los toreaba con sus amigos. La fiesta era distinta de como se práctica hoy en día; era a caballo, o simplemente se los corría. En ocasiones había quienes hacían piruetas y saltos esquivándolos. En la época no había coliseo; siempre se los corría en la plaza mayor de cada ciudad, en la que se levantaban graderías y algunos burladeros. Durante la Independencia, las corridas de toros no se interrumpieron. Cada fiesta incluía toros, casi siempre costeados por algún vecino adinerado. 

Documentos relacionados 

La tauromaquia ó arte de torear: obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados, y toda clase de sugetos que gustan de toros - José Delgado y Gálvez, Madrid, Imprenta de Ortega y Compañia, 1827.