Celebración, detalle acuarela de la Comisión Corográfica
"Músicos populares", publicada en "Ramón Torres Méndez: pintor de la Nueva Granada", Efraín Sánchez Cabra. Fondo Cultural Cafetero, 1987. p. 182
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Fiestas y celebraciones

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Fiesta de máscaras para el último virrey
Devoción religiosa
La fiesta del triunfo

En la época de la Independencia observamos el tránsito de una festividad monárquica a una de corte republicano. La fuerte tradición festival colonial, en la que las juras de fidelidad y los festejos por los nacimientos de los príncipes eran tan importantes, se adaptó a favor de la celebración de los triunfos patriotas y la fundación de la nueva República. Conviene recordar que, aún en los días previos a la Independencia, en todas las villas y ciudades los cabildos festejaban el día de su santo patrono; además festejaban todas las noticias felices que llegaban de la monarquía. Igualmente eran importantes las fiestas de recibimiento a las nuevas autoridades. A lo largo del trayecto que recorría un nuevo virrey, desde Cartagena, siguiendo por Honda y Facatativá, hasta llegar a Santafé, se declaraban días festivos. Estas fiestas, según su importancia, podían durar hasta ocho días e incluían distintas diversiones. Normalmente iniciaban con una misa y un desfile de las autoridades y todos los estamentos, y continuaban con series de corridas de toros, fuegos artificiales, comedias, música, mascaradas y demostración de bailes y figuras alegóricas. Todas tenían un propósito de integración de la comunidad, de acercar a las gentes del pueblo al espíritu de la monarquía. Algunos estudiosos han sugerido que cada fiesta introducía una especie de pedagogía social, en la que todos se sentían haciendo parte de un mismo cuerpo colonial, aunque en lugares definidos y determinados por principios étnicos y sociales. Finalmente, habría que recordar que si bien estas fiestas tenían elementos paganos y populares, ocurrían en un contexto en el que la religión tenía especial incidencia. 

Tablado para la jura de Fernando VII en la ciudad de Honda
Tablado para la jura de Fernando VII en la ciudad de Honda (Archivo Histórico Nacional-Ministerio de Cultura de España)
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Fiesta de máscaras para el último virrey

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El 16 de septiembre de 1804, a las cinco y media de la tarde, hizo su ingreso a Santafé el virrey Antonio Amar y Borbón y su esposa doña Francisca Villanova. Junto a ellos venía un crecido séquito de personas que los había acompañado desde Facatativá y Fontibón. Ese mismo día, las autoridades y las familias principales les ofrecieron las mejores y más lucidas comidas, bebidas y presentes.

Dice el cronista José María Caballero que dicha fiesta costó 5.000 pesos, una suma jamás gastada. Días después, cuando habían descansado de tan largo viaje, se iniciaron las fiestas populares por los virreyes. Como era usual se corrieron toros y se quemaron fuegos artificiales. También se elevaron globos. En el fondo de la plaza sobresalía un estandarte con el retrato del rey. Pero lo más interesante fue los bailes de máscaras programados en el coliseo. Durante cuatro noches dicho sitio se iluminó para recibir a los virreyes y todos los vecinos principales. La primera noche bailaron los virreyes y “era cosa digna de ver la diversidad de figuras que sacaron, que parecía otro mundo u otro país”.

El maestro de todas estas ceremonias era el oidor Alba, quien terminaría redactando un reglamento para el comportamiento del público. En algunos apartados ordenaba que no se podían usar máscaras en las calles, no se podía fumar en el Coliseo y sólo se aceptaba bailar minué, paspié, bretaña, amable, contradanza, fandango, torbellino, manta, punto y jota. Los bailes populares estaban prohibidos.

Documentos relacionados 

Prevenciones que se deben observar en los dos bayles de máscaras, que el comercio de esta capital ofrece al feliz arribo a ella del Exmo. señor Virrey D. Antonio Amar y Borbón - Bogotá, s.n, 1803.

Kalendario, manual y guía de forasteros en Santafé de Bogotá capital del Nuevo Reyno de Granada, para el año de 1805 - Antonio José García de la Guardia, Bogotá, Imprenta Real por Bruno Espinosa de los Monteros, 1804?.
  
Esposición de los festejos y regocijos públicos que la M.N.M.L.I.C. y M.H. villa de Madrid tiene dispuestos para solemnizar el augusto enlace del Rey N.S. Don Fernando VII, con la serenísima señora princesa Doña Maria cristina de Borbón - Ayuntamiento de Madrid, Madrid, Imprenta de J. Sancha, 1829. 

Lima gozosa: descripcion de las festibas demostraciones, con que esta ciudad, capital de la America Meridional celebró la real proclamacion de el Nombre Augusto del Catolico Monarcha el Señor Don Carlos III Nuestro Señor (que Dios guarde) - Lima, En la plazuela de S. Christoval, 1760.
 
Aecio y Fulvia: bayle heroico pantomino en tres actos, que ha de representarse en el Teatro de los Caños del Peral de Madrid en la presente primavera del año de 1790 - Mr. Farvier, Madrid, Imprenta de Gonzáles, 1790.  

Iglesia, detalle acuarela de la Comisión Corográfica
"Yglesia ó capilla del Rosario de Cúcuta donde se reunio el Congreso admirable de Colombia. Santander", Carmenlo Fernández, 1850. Detalle de aAcuarela de la Comisión Corográfica. 28 x 33 cms.sión Corográfica
interior de una Iglesia, catedral de Santa Marta
Catedral de Santa Marta (interior), acuarela publicada en "Acuarelas de Mark: un testimonio pictórico de la Nueva Granada",Edward Walhouse Mark, p. 111.
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Devoción religiosa

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La fe religiosa no chocaba con el anhelo de libertad. Así lo entendieron los patriotas, a pesar de que los realistas los condenaran como herejes e impíos. En cada triunfo contra los españoles, los republicanos sentían a Dios de su parte. Por eso, como quien se libera de un gran temor, los vecinos rompían en celebraciones fervorosas, con procesiones y cánticos en las calles de las ciudades. 

«1814. 24 de enero. Domingo. Vino, de oficio, la gloriosa noticia de la batalla de Palacé, ganada por el señor presidente Don Antonio Nariño. Se repicó a las tres de la tarde y se comenzaron a echar voladores, que se gastarían más de treinta docenas en toda la tarde; salió la música de Milicias, dio vueltas por la Calle Real y San Agustín, con el gusto y alegría que se deja entender, gritando muchos vivas al Dulcísimo Nombre de Jesús, al presidente Nariño y a la independencia y libertad y demás jefes y tropas libertadoras. Salieron todos los tambores y pitos tocando dianas; salió la música de Patriotas, dio la misma vuelta, y pasando por San Agustín este numeroso concurso de gentes, de todas clases y sexos, se abocaron pidiendo abriesen las puertas de la iglesia para dar gracias a mi Padre Jesús Nazareno, lo que ejecutaron inmediatamente. Entró toda la gente a la capilla, se descubrió al Señor y se cantó el Te Deum. El padre Merchán, provincial de San Juan de Dios, exhortó al pueblo a dar las gracias por la prosperidad de nuestras armas y victoria conseguida el 15 del presente mes de enero. Rezó la estación, y todos se pusieron en cruz; hombres y mujeres y muchachos, sin distinción de clase, y causó un fervor grande en todas las gentes, en medio del gusto y la alegría. Concluido salió la gente y prosiguieron del mismo modo vitoreando a Jesús.

Parecía la gente adementada, según las acciones, que se hacían: brincaban, gritaban, bailaban, corrían, cantaban, vitoreaban, echaban voladores, triquitraques, y cada cual hacía lo que podía hacer por su parte para dar a entender la alegría que reinaba en su corazón. Así duramos toda la tarde. A la noche se dio música en el cuartel de Milicias; a las ocho se rompieron las retretas, con las músicas que dieron vuelta por el rededor de la plaza; y el pueblo sin cesar gritando vivas a Jesús, al presidente y a los que cada uno le daba gusto vitorear». (Fragmento del diario de José María Caballero)

Documentos relacionados 

Fiestas movibles, ayunos, y otras observancias, y ritos anuales de la Iglesia Catholica - Alban Butler  Prb., Valladolid, en casa de la viuda e hijos de Santander, 1791.

Diario - José María Caballero, Bogotá, Villegas Editores, 1990.    

Medalla a los vencedores de Boyacá
Medalla a los vencedores de Boyacá (Museo Nacional de Colombia)
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La fiesta del triunfo 

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Tras el triunfo en la batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, el gobierno nacional instituyó este día y el 20 de julio como las principales fiestas nacionales. Para darle toda la solemnidad a esta decisión y para agradecer al Libertador y demás militares la hazaña realizada, se preparó una gran fiesta el 17 de septiembre. La ciudad fue engalanada con arcos triunfales y en todos los balcones estaba la bandera nacional. Desde la plazuela de San Diego se organizó una elegante entrada triunfal. A la cabeza iba el general Simón Bolívar y demás militares en sus caballos enjaezados, seguidos de todos los cuerpos de milicias. De esta manera se daba inicio a las que serían las fiestas republicanas, ataviadas con los símbolos de la República y destinadas a recordar a los héroes de la patria. 

A continuación se transcribe parte del recuento de los festejos del triunfo de Bolívar en Boyacá, tal como se narran en la Gazeta Extraordinaria de octubre de 1819:

“Llegó el día del Triunfo. Su Exca. Con sus Oficiales y Exército se trasladaron desde las dos de la tarde a la entrada de la Ciudad en la plazuela de San Diego. Allí se habia preparado una casa adornada con gusto y decencia, donde debia aguardar. El Señor Gobernador Político Echeverría que presidía a esta función a nombre de la Ciudad y su Provincia se reunió en la Plaza mayor a las tres de la tarde, con los individuos de todos los Tribunales Seculares y empleados, y los particulares que concurrieron en grande numero. Todos venian vestidos de gala, y montados sobre sobervios caballos adornados de ricos y preciosos jaeces. Inmediatamente siguieron en buen orden ácia San Diego. Allí ya estaban formadas en dos alas todas las Tropas compuestas del batallón de Granaderos de la Guardia de Honor del Exmo. Señor Presidente, del de Rifles, y del de la Legion Britanica. Habiendose hecho alto, el Señor Gobernador Político acompañado del Señor Presidente de la A. Corte de Justicia se adelantó ácia donde estaba Su Exca. y echando pie a tierra le invitó a que marchase. En efecto el General BOLIVAR montó inmediatamente a caballo, y comensó el paseo triunfal en la manera siguiente. 

Quatro Clarines rompían la marcha anunciandola con sus toques. Seguían ocho batidores despejando el tránsito, luego los porteros del Muy Ilustre Ayuntamiento de la Capital y de la Alta Corte de Justicia, los particulares y personas notables venían después en mucho número y todo el acompañamiento formaba dos alas por el centro de las calles. Veianse a la izquierda el Señor Procurador del mismo Cabildo, los Señores Regidores y Alcaldes Ordinarios y a la derecha los Señores Ministros del Tesoro público, los empleados de la casa de la Moneda, los individuos del Tribunal de Sequestros, y los del Tribunal de Cuentas, con los Señores Superintendente de la misma Casa de Moneda, y Director General de las Rentas, luego los Señores Fiscales y Ministros de la Alta Corte de Justicia y el Señor Gobernador Político; todos según el orden en que van expresados. 

Despues de este brillante cortejo se descubría al Axmo. Señor Presidente SIMON BOLIVAR en medio de los Señores Generales de Division JOSE ANZOATEGUI y FRANCISCO DE PAULA SANTANDER, rodeados de los Secretarios del Estado Mayor General y sus Edecanes. Cerraban la marcha los Cuerpos militares que iban reuniendose y formandose en Columnas, conforme se adelantaba el acompañamiento. La marcha era lenta y magestuosa; un golpe armonioso de música guerrera, llevaba a los corazones la admiracion, el respeto y un entuciasmo inexplicables.

Las calles de todo el paseo estaban aseadas, blanqueadas y pintadas de antemando con simetria y belleza. El precioso damasco en sus diversos colores adornaba las puertas, ventanas y balcones de los edificios, que estaban colmados asi como las calles, de un Pueblo inmenso. Siete arcos triunfales de bastante elevacion, y adornados con una magnifica sensillez, estaban erigidos a proporcionadas distancias en el espacio que debia recorrerse. Unos estaban vestidos de color encarnado, otros del amarillo, del azul, del blanco, y otros eran tricolores. tenian tres puertas, por la mas grande y elevada que quedaba en el centro, entraba unicamente el General Triunfante, y por las otras dos pasaban todos los demás.

Desde que el Triunfador comensó a entrar en la Ciudad, no cesó un instante la inmensa multitud espectadora, de repetir mil, y mil vivas gloriosos. "Viva el grande BOLIVAR, viva el Heroe a quien debemos nuestra felicidad; viva el inmortal Excercito de nuestros Libertadores" eran las expresiones que por todas partes resonaban; una lluvia incesante de flores caia sobre las cabezas del General en Xefe y de sus Ilustres compañeros de armas. Ellas eran arrojadas desde las ventanas y balcones, por las manos de las Damas, al mismo tiempo un vivísimo repique de campanas en todos los Templos, aumentaba el gozo y el aplauso universal. Se veia con admiracion y agrado, que todo el mundo buscaba con sus ojos al Heroe, y que a muchos de los espectadores, reconociendole, se les escapaban lágrimas, efectos del reconocimiento y excesivo placer que les causaba su vista. De esta suerte fue recorrido el espacio del paseo, desde San Diego hasta el convento de San Agustín, y desde este por la calle del Monasterio de Santa Clara hasta la Plaza Mayor. 

Concluido el paseo, todos los concurrentes, sin perder su lugar, [] pie a tierra y siguieron llevando al Triunfador al Templo principal. Era aquí, que le esperaban, y que saliern a recibirle el Prelado Eclesiástico y su cabildo con el Clero, los Rectores de la Universidad y de los dos Colegios, los Prelados de las cinco Ordenes de Religiosos de la Ciudad, y los Síndicos de los monasterios de Religiosas. El General y todos los asistentes se postraron atributar sinceras adoraciones a la Divinidad Tutelar del Universo. Se oyeron un solemne Te Deum y preces en accion de gracias. El Heroe daba, como siempre un hermoso exemplo de sus cristianas virtudes, con su recogimiento y profunda veneracion, de que se le veia revestido en este acto sagrado; al mismo tiempo un canto grave y lleno de magestad, la multitud de personas venerables que cubrian aquel vasto pavimento, y la religiosa atencion que se observaba en sus semblantes, inspitaban cierto respeto irresistible en esta funcion augusta”.