Ilustraciones astronómicas del Almanaque para el año de 1811 calculado para el Nuevo Reyno de Granada"
Ilustraciones astronónimcas provenientes del "Almanaque para el año de 1811 calculado para el Nuevo Reyno de Granada" de Francisco José de Caldas.
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Fenómenos naturales: eclipses, arco iris y temblores  

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Dos eclipses espectaculares
Un arco iris patriótico
La tierra tiembla

En el siglo XXI se nos dificulta entender la manera como las sociedades de hace 200 años relacionaban los fenómenos de la naturaleza y del cosmos con su vida cotidiana. Existen abundantes ejemplos en la historia, como los llamados presagios que le fueron interpretados a Moctezuma por sus sacerdotes cuando se aproximaba la llegada de Hernán Cortés.

Los fenómenos celestes y los temblores, particularmente, han sido interpretados como designios divinos, como especies de mensajes. Estos anuncios pueden ser positivos o negativos. Eran negativos cuando causaban desastres entre la población. En estos casos, la Iglesia y los sectores más religiosos los interpretaban, en forma fatalista, como castigos celestiales.

La Independencia no escapó a esta circunstancia. Varios fenómenos celestes y terremotos ocurrieron antes y durante los años de la guerra de emancipación y generaron reacciones curiosas entre la población; pero fueron especialmente interpretados a favor o en contra, según fuera el bando político en el que se encontraran las personas.

Carta esférica que representa las fases del eclipse de sol central y anular que sucederá el 16 de Junio de 1825
"Carta esférica que representa las fases del eclipse de sol central y anular que sucederá el 16 de Junio de 1825, en todas las regiones de la tierra en donde es visible" dedicada a Simón Bolívar por José Gregorio Paredes. 
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Dos eclipses espectaculares

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El año de 1809 terminó con un fenómeno celeste que asombró a los neogranadinos. Probablemente se vio en todo el país; por lo menos el cronista Pedro María Ibáñez constata que se vio en Santafé y en Antioquia. En el cielo, el Sol aparecía sin rayos y sin ningún resplandor. Al parecer, la Luna se interponía entre el Sol y la Tierra causando tal novedad. El fenómeno duró casi seis meses, la gente lo interpretó como el presagio de una época de convulsiones y de revueltas políticas.

Francisco José de Caldas, meses más tarde, predijo otro fenómeno de este tipo, en su Semanario del Nuevo Reino de Granada. Este nuevo eclipse de sol, “muy considerable”, que tuvo lugar el 28 de septiembre de 1810, fue “visible no solo en todo el Virreinato de Santafé, sino en casi todo el Nuevo Continente”. Caldas pretende dar una explicación científica a este suceso, para “sacar de él todo el partido posible en utilidad de nuestra Geografía, y en el mejoramiento de la carta del Reyno, y de la América”.

Documentos relacionados 

Almanaque para el año de 1811: calculado para el Nuevo Reyno de Granada -Francisco José de Caldas, Bogotá, Imprenta Patriótica, 1810. 

Almanaque de las Provincias-Unidas del N. R. de Granada para el año bisiesto de 1812: tercero de nuestra libertad - Francisco José de Caldas, Bogotá, Imprenta Patriótica de Don Nicolás Calvo, 1811.

Alegoría del aire
Antonio Acisclo Palomino y Velasco, Alegoría del Aire (ca. 1700), óleo sobre lienzo (246x156 cm.), Madrid, Museo del Prado.
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Un arco iris patriótico

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El primero de octubre de 1814, a las 11 de la mañana, en el cielo de Santafé se formó un hermoso arco iris. Era el año en que se había conseguido la unión después de la guerra entre centralistas y federalistas. En el país se respiraba optimismo y esperanza. Aunque el arco iris era multicolor, el cronista José María Caballero lo encontraba tricolor, “con los mismos colores de la independencia”. Transcribimos a continuación la reflexión que a Caballero le mereció este bello fenómeno celeste que cubría la ciudad: 
«¿Qué quiere decir esto? Que el mismo cielo, con el padre de las luces, nos anuncia que hemos de ser libres e independientes, a pesar de los esfuerzos que hagan los godos (españoles) y que esta santa Iglesia la acepta Dios Nuestro Señor para que se le rinda culto bajo la independencia y libertad. Al concluirse la función de los cohetes, se disipó el arco o circulo. ¡Cosa maravillosa! Yo lo vide».

Grabado alemán sobre el terremoto que destruyó Lisboa en 1755
Grabado alemán sobre el terremoto que destruyó Lisboa en 1755
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La tierra tiembla

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No existe otro hecho natural que produzca mayor desconcierto y pavor que los temblores de la tierra. Durante mucho tiempo sus nefastas consecuencias fueron interpretadas como castigos divinos. Se requirió que entre los siglos XIX y XX surgiera una visión del mundo que separara la comprensión de los hechos religiosos de los que atañen a la naturaleza. 

En la época de la Independencia ocurrieron varios temblores que revelan su definitiva relación con la religión. Normalmente eran conjurados con procesiones y rogativas a san Emigdio y san Francisco de Borja. Un terremoto importante, o mejor, una serie de fuertes sacudones, fueron los que se iniciaron el 12 de julio de 1785 a las 7 y 45 de la mañana. Aunque no hubo mayores víctimas ni grandes destrozos, el pánico producido en la población fue grande. Uno de los pocos impresos sobre acontecimientos de la época fue sobre este terremoto.

Otro, en extremo importante para la historia de Venezuela, fue el que ocurrió el 25 de marzo de 1812. A raíz de este terremoto y de la explicación que hizo la Iglesia, cayó la primera república venezolana. En Colombia se sintió, especialmente en la región oriental. Finalmente, el 18 de noviembre de 1814, como a las diez y media de la noche, se inició una serie de temblores que produjeron gran alarma entre la población. Como pocas veces se había visto en la capital del virreinato, las procesiones y rogativas tuvieron nutridísima asistencia.

«A 18 concluyó la dictadura del señor presidente don Bernardo Álvarez; hubo voladores y lo llevaron con música hasta su casa, y a la noche se le dio música. En esta misma noche tembló, como a las diez y media, pero como a las once y cuarto fue más grande, por cuya causa se asustó y alborotó toda la gente, en términos que no quedó uno acostado; todos salieron a las calles y amanecieron en las puertas de las casas y tiendas y en las plazas, rezando a gritos por todas partes. La comunidad de San Francisco dio vueltas por la plazuela, cantando las letanías, de suerte que en medio del susto daba gusto ver a todas las gentes por todas partes, porque unos rezaban el rosario, otros el trisagio, otros las letanías de la Virgen, otros las de los santos, unos cantaban el Santo Dios, otros la Divina Pastora, unos gritaban el Ave María, otros el Dulce Nombre de Jesús, unos lloraban, otros cantaban, otros gritaban, otros pedían misericordia y confesión, a gritos. En particular, las de mayor alboroto eran las mujeres. Yo me reía a ratos de ver tanto movimiento, sin sino, como locos, pues ninguno sabía lo que hacía; y aún en aquellas personas doctas y de mayor civilización. ¡Válgame Dios, lo que es un susto repentino, y más si viene por la mano del Altísimo! Yo anduve en esta ocasión advertido, porque desde que sentí el primer movimiento, me persuadí que había de repetir, y así me estuve en mi cama, aguardando con mucho cuidado y silencio, y al cabo de los tres cuartos de hora sentí el segundo movimiento, pero como yo estaba sobre la advertencia, salté prontamente de la cama, y con la ligereza que pude, salí al patio, y desde allí llamé la familia. Salí después con mi mujer y nos fuimos a mi tienda, que tenía en la plaza, y entonces fue que observé lo que arriba llevo dicho. La plaza estaba llena de gente, con camas y multitud de faroles, de señoras y sujetos principales, como la representación nacional y demás, clérigos, y en fin, toda clase de gentes.

A 19 tembló por la noche, y repitió el 20, 22 y 23.

A 21 se comenzó una rogativa a San Francisco de Borja, por los señores canónigos de la catedral. A 20 se sacó por la noche el Cristo crucificado de Las Nieves, que estaba en la Veracruz, y lo pasaron en una muy lucida procesión a La Tercera, y se comenzó una misión. El 22 se comenzó una  rogativa a Su Magestad San Emigdio, San Nicolás y San Francisco de Borja, en La Candelaria. A 23, se comenzó otra rogativa en Santo Domingo, a San Emigdio y a Nuestra Señora de Guadalupe». (José María Caballero, Diario de la patria boba, fila 68) 

Documentos relacionados 

Aviso del Terremoto sucedido en la Ciudad de Santa Fé de Bogotá el dia 12. de Julio del año de 1785 - Bogotá, : Imprenta Real de Don Antonio Espinosa de los Monteros, 1785.