Hombre principal de Cartagena
"Hombre principal de Cartagena", imagen proveniente de la BLAA
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Poesía religiosa, filosófica y revolucionaria

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Poesía comunera
Melchor de Guzmán, el limeño
Manuel Scorro de Rodríguez
Francisco Antonio Vélez ladrón de Guevara

Aunque la Ilustración llegó hasta nosotros proclamando los mandatos de la razón, no por eso entró en controversias con la religión. Tampoco en España, donde la Ilustración recibió la categoría de asunto oficial, la razón no fue presentada como suplantadora de la religión, sino como soporte de ella.

La prohibición de las representaciones de los autos sacramentales y comedias de santos, proclamada mediante Cédula Real de 11 de junio de 1765, fue sustentada bajo la consideración de tenerlos por “ofensivos y perniciosos al Catolicismo y a la Razón”. La Ilustración pretendía impulsar el progreso, sacar del atraso y el fetichismo a los pueblos, lograr que las colonias arrojaran más riqueza, pero nunca aminorar la piedad religiosa.

La Imprenta Real establecida en la Nueva Granada empleó sus prensas en imprimir antes que nada devocionarios y novenas. El primer libro en forma, publicado en 1787, fue Historia del Christo paciente, y por eso alguien la llamó la “imprenta del Christo paciente”.

Pareja de campesinos
Campesinos, imagen proveniente de la BLAA
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Poesía comunera

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Resonancia, coletazo, o movimiento paralelo del desencadenado en Perú por Túpac Amaru, la Revolución Comunera de 1781 en la Nueva Granada demostró que si bien las reformas borbónicas pretendían traer, y trajeron, dinamismo económico e ilustración al mundo americano, también acarrearon para el pueblo cargas intolerables. Una poesía anónima lo reflejó con exacta nitidez:

La naranja, siempre amarga

si se exprime demasiado,

y el borrico recargado,

siempre se echa con la carga.

La pujanza del movimiento popular de 1781 quedó registrada en dos expresivos cantos que animan, incitan a la lucha, desafían y denuncian. Uno de ellos recibió numerosos nombres por parte de los comuneros: “Nuestra Cédula”, “La Real Cédula”, “La Santísima Gaceta”, “El Superior Despacho”, y fue sin lugar a dudas el himno del levantamiento. Las autoridades lo bautizaron simplemente como “El Pasquín”. Su autoría se atribuye a fray Ciriaco de Archila. El otro canto se llamó “Avisos y quejas”, de autor anónimo. En ambos poemas campea la gracia, el atrevimiento y en muchas ocasiones la chabacanería, rasgo este último que en lugar de deslucirlos condimenta su sabor.

El historiador Guillermo Hernández de Alba comentó el legado y repercusiones posteriores de estas poesías: “Este género popular expresado en romances asonantados, en coplas, en jácaras y en saladillas o en socorridas décimas fue bien aprovechado por escritores cultos durante los primeros años de la vida republicana (1810-1816) y esgrimidos como jocosa y disolvente arma política, de eficacia similar a la caricatura de nuestros días”.

Aunque engañada y sofocada, la Revolución Comunera se encadenó a un nuevo suceso. El virrey arzobispo Caballero y Góngora convenció al rey Carlos III que el escándalo volvería a repetirse si el reino no salía del atraso y la juventud no se vinculaba a empresas útiles. El rey no vaciló en responder afirmativamente. José Celestino Mutis pudo dar por fin inicio a su empresa científica: la Real Expedición Botánica. En ella se formó la generación de próceres de la Independencia.

Documentos relacionados 

Versos dedicados en el Socorro al Arzobispo Caballero y Góngora - manuscrito, 1781. 

Tupac Amaru II
Tupac Amaru II
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Melchor de Guzmán, el limeño

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En medio de la agitación y zozobra que se vivía en Bogotá durante los días de la revolución comunera, un soplo llevó a las autoridades a allanar un aposento del barrio Las Nieves, morada de Melchor de Guzmán, un joven platero limeño avecindado en la ciudad.

Se suponía que era quien estaba propalando los rumores que venían del Perú y esparciendo la semilla de la revolución de Túpac Amaru. En el allanamiento sólo se encontraron versos místicos, silvas de amor y un drama en verso. Melchor era sin lugar a dudas hombre culto, que había llegado a Santafé desde Lima buscando una cura de amor. Se le siguió juicio por la delación que le habían hecho y porque siendo peruano era sin más ni más sospechoso.

Documentos relacionados 

Auto cabeza de proceso contra el sedicioso Melchor Guzmán, alias "el limeño" - manuscrito. 1781. 

En medio de la agitación y zozobra que se vivía en Bogotá durante los días de la revolución comunera, un soplo llevó a las autoridades a allanar un aposento del barrio Las Nieves, morada de Melchor de Guzmán, un joven platero limeño avecindado en la ciudad.

Se suponía que era él quien estaba propagando los rumores que venían del Perú y esparciendo la semilla de la revolución de Tupac Amaru. En el allanamiento sólo se encontraron versos místicos, silvas de amor y un drama en verso. Melchor era sin lugar a dudas hombre culto, que había llegado a Santafé desde Lima buscando una cura de amor. Se le siguió juicio por la delación que le habían hecho, y porque siendo peruano era sin más ni más sospechoso. 

Retrato de Manuel del Socorro Rodríguez
Retrato de Manuel del Socorro Rodríguez (tomado de la BLAA).
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Manuel Socorro de Rodríguez: la poesía del bibliotecario

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Tal vez nunca existió alguien más fiel a una biblioteca. Desde el momento de ocupar su puesto como bibliotecario, permaneció en ella durante 28 años, hasta morir en una de sus salas. Le regaló los libros que trajo de Cuba, le legó sus poemas, escribió la historia de su fundación, instaló en sus salones la Tertulia Eutrapélica, difundió las discusiones que tenían lugar en sus reuniones y dictó cursos de idiomas y letras.

De los libros de la biblioteca extrajo mucha de la información que publicaba en elPapel Periódico de Santafé de Bogotá, periódico fundado y dirigido por él, nuestro verdadero primer periódico. Basta recordar su célebre serie de artículos sobre el suceso del ruido.

Con el periódico nos refirió todo el suceso de la Revolución Francesa, de la revolución negra de Haití, de incontables sucesos de la agitada historia de su tiempo. Su mira correspondía a la de un súbdito fiel a España, pero a nadie escapa que su interés esencial era el de informar. Polemizó a favor del progreso y la ciencia, escribió la primera historia de nuestra literatura colonial, se interesó en todos los campos.

Nació en la provincia de Bayamo, Cuba, de donde llegó a la Nueva Granada en la flor de la vida. Todos sus desvelos se los dedicó a la pasión de ilustrarnos, y cuando el signo de los tiempos cambió y fuimos una nación libre, no le costó trabajo hacerse patriota.

Documentos relacionados 

La antología, o colección de epigramas sobre todo género de asuntos, así literarios, como políticos, morales, etc. Tomo IV - Manuel del Socorro Rodríguez, manuscrito, finales del siglo XVIII - principios del XIX.  

Folio del manuscrito poético de Vélez Ladrón de Guevara
Folio del manuscrito poético de Vélez Ladrón de Guevara
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Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara: un poeta enamorado y festivo 

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El santafereño Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara, nacido en 1721 y muerto probablemente hacia 1782, marcó toda una época en sus versos festivos. El especialista Héctor H. Orjuela lo considera el poeta más importante de la poesía rococó en Hispanoamérica.

Abogado, posible alcalde de la ciudad en dos ocasiones, Ladrón de Guevara fue un poeta allegado a por lo menos cuatro cortes virreinales: la de Solís Folch, la de Messía de la Cerda, la de Guiror y la de Flórez, gobiernos que abarcan desde 1749 a 1782.

El códice que contiene sus poemas manuscritos conservado en la Biblioteca Nacional abarca 430 folios. Buena parte son poemas galantes, llenos de gracia, coquetería y frivolidad, donde se canta la belleza de las mujeres y se las compara a las flores. A sus requiebros no escapa ni la señora virreina, Juana María de Pereyra, esposa del virrey Flórez.

Según Orjuela, los poemas de Vélez Ladrón de Guevara registran ya “el cambio que ha experimentado en la poesía el papel de la mujer, que aparece como un ser de carne y hueso y no como la figura deshumanizada, seria, inalcanzable y escudada por las rígidas convenciones morales que tipifican el arquetipo femenino del Barroco”.

Documentos relacionados 

Poesías - Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara, manuscrito, 1749-1782.