Grabado de un retrato de Jean Racine
Grabado de un retrato de Jean Racine. 
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Los modelos literarios

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Con el arribo de la Ilustración llegaron también los nuevos modelos literarios. Estos procedieron fundamentalmente de Francia: Racine, Molière, La Fontaine y Boileau. Entre los españoles, el más leído parece haber sido Tomás de Iriarte, acompañado del preceptista Luzán, que cambió por completo los gustos en España y llevó a que los autores del Siglo de Oro fueran ignorados para entregar todos los escenarios literarios a Francia.

La ligereza y frivolidad del rococó duró poco. El neoclásico impuso una actitud seria y razonada: la belleza estaba en la verdad y el arte debía satisfacer la razón. La poesía alabó la ciencia, la vacuna, el progreso, a artistas famosos, a la filosofía y a la razón. Las fábulas de La Fontaine e Iriarte cumplieron un oficio didáctico. Se aceptaron y acataron los dictados de Boileau y Luzán con respecto a la composición poética.

Las letras, acordes con los preceptos del racionalismo, asumieron un aire de serena impasibilidad y frío formalismo. Esto no impidió, sin embargo, que los poetas alcanzaran un íntimo acercamiento a la realidad americana. En moldes neoclásicos construyó Andrés Bello su silva a la agricultura de la zona tórrida.

 

Documentos relacionados

Fábulas literarias - Tomás de Iriarte, Barcelona, Imprenta de Eulalia Piferrer, 1782. 

Tomás de Iriarte (Santa Cruz de Tenerife, 1750 - Madrid, 1791) representó la corriente literaria española del siglo XVIII que reaccionó contra los modelos del Siglo de Oro, agotados en manos de sus continuadores. Sus Fábulas literarias (72 apólogos en verso), publicadas en 1782, son en gran parte un recetario de la forma como debe escribirse, muy ceñido a los preceptos recibidos del neoclasicismo francés. Iriarte fue muy leído y comentado en nuestro medio. El Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá y El Correo Curioso contienen numerosos artículos, notas, glosas y otros apuntes alrededor de la vida y obra de Iriarte. El Fondo Antiguo de la Biblioteca Nacional conserva numerosos ejemplares de su obra. "No escriba quien no sepa unir la utilidad con el detalle" reitera a menudo. La reacción contra la hojarasca y el rebuscamiento barroco aparece patente en su fábula “La rana y el renacuajo”:

«En la orilla del Tajo hablaba con la rana el renacuajo, alabando las hojas, la espesura de un cañaveral y su verdura. Mas luego que del viento el ímpetu violento una caña abatió, que cayó al río, en tono de lección, decía la rana: "Ven a verla, hijo mío: por fuera muy tersa, muy lozana; por dentro toda fofa, toda vana". Si la rana entendiera poesía también muchos versos diría. ¡Qué despreciable es la poesía de mucha hojarasca! »

Arte poética - Nicolas Boileau-Despreaux, Madrid, Imprenta Real, 1807. 

A Nicolás Boileau-Despreaux (1636-1671), preceptista francés, se le llamó el legislador del Parnaso. Su Arte poética, un poema didáctico inspirado en la Epístola a los pisones del poeta Horacio, contribuyó a sacar el lenguaje del énfasis y rebuscamiento barroco. Boileau era partidario de no someter el pensamiento a los rigores de la rima, pero advertía que, sin herir el oído del lector y el escucha, se debían observar la razón y el sentido común a lo largo de la composición. Boileau ordenó también la utilidad de combinar lo agradable y lo moral. La influencia que este preceptista francés ejerció en nuestro medio a finales del XVIII y comienzos del XIX está confirmada por la traducción que hacia 1810 hizo de su obra el poeta José María Salazar, publicada en Bogotá en 1828. Boileau fue amigo personal de Molière, La Fontaine y Racine.