"Arturo Cova en las barracas del Guaracú". Archivo Rivera, Universidad de Caldas.
"Arturo Cova en las barracas del Guaracú". Archivo Rivera, Universidad de Caldas.
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Los límistes desconocidos
La puerta a lo desconocido: el pleito de Mata de Palma 
¿Quién escribió "La vorágine"?
La otra selva

La Vorágine es una de las primeras novelas en la literatura universal que se sirvió de fotografías para darle veracidad a su trama y difuminar los linderos entre la realidad y la ficción. Tanto así, que en las tres primeras ediciones (1924, 1925 y 1926) aparecía la foto de “Arturo Cova en las barracas del Guaracú, tomada por la madona Zoraida Ayram”, pero muchos críticos y amigos de José Eustasio Rivera (1888-1828) se aprestaron a identificar al personaje de la imagen con el propio escritor.

Ambos personajes se parecían en varios aspectos –ser poetas tolimenses y haber estudiado leyes– pero en muchas otras se distinguían. A diferencia de Cova, Rivera era una figura pública, reconocida en su época no sólo como literato sino por su labor como diplomático preocupado por la defensa de la soberanía nacional. Un polemista agudo y prolífico, tal y como lo atestiguó su copiosa producción de artículos para la prensa.

Fotografía de Melitón Escobar Larrazábal, Ramón S. Mendes Yamosa y José Eustasio Rivera.
Melitón Escobar Larrazábal era el ingeniero colombiano de la comisión y un buen y leal amigo de Rivera. Fueron los únicos dos miembros de la expedición que renunciaron en protesta por la desatención de la Cancillería, la presión de los venezolanos y la crueldad de los suizos para con los indígenas de la zona. Aún así, Rivera también hizo fuertes amistades con algunos venezolanos de la comisión. En particular con el cardiólogo Ramón Ignacio Méndez Llamozas, quien le atendió sus varios ataques de paludismo. Según el propio médico, “Fue en los largos y tediosos días de la permanencia en Yavita cuando José Eustasio escribió muchos de los capítulos de La vorágine”. Archivo Rivera, Universidad de Caldas.
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Los límites desconocidos

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El 19 de septiembre de 1922, Rivera viaja al Orinoco con el cargo de secretario abogado del Ministerio de Relaciones Exteriores para participar en una de las comisiones de demarcación de límites de Colombia y Venezuela. Esta fracasada comisión, acompañada por expertos suizos, hizo parte de las innumerables conversaciones y discusiones sobre la forma de definir los límites entre Colombia y Venezuela que estos dos países tuvieron desde 1830. Sólo a finales del siglo XIX se logró definir los límites fronterizos mediante el laudo arbitral de 1891 de la corona española. Pero Venezuela ejerció jurisdicción y soberanía sobre ambas bandas del Orinoco, el Inírida, el Atabapo y el Guainía hasta la tercera década del siglo XX.

El 26 de noviembre, Rivera renuncia a su cargo por la falta de ayudas de los dos gobiernos interesados y se lanza a una expedición por la selva de forma independiente, aguas arriba por el Orinoco. Es así que viaja por el río Temi –afluente del Atabapo–, el Guaviare y el Inírida. En su recorrido conoce de primera mano la situación de los pobladores de toda la zona y en julio de 1923, cuando llega a Manaos, envía al Ministerio de Relaciones Exteriores en Bogotá su famosa denuncia sobre la esclavitud de colombianos e indígenas en Venezuela y Brasil.

Misionero, caucheros e indígenas. Foto cortesía de la familia Ruíz Ch. y FAFO.Misionero, caucheros e indígenas. Foto cortesía de la familia Ruíz Ch. y FAFO.
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La puerta a lo desconocido: el pleito de Mata de Palma

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En abril de 1918, Jorge Ricardo Bejarano y José Nieto llegan al bufete del recién graduado Rivera para solicitarle que los represente en un pleito que tienen en Casanare por el ganado del Hato Mata de Palma, que era del finado Ramón Oropeza. Rivera acepta y parte para Orocúe.

Ramón Oropeza había sido el dueño del hato más rico del Casanare a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Jorge Brissón, ingeniero francés al servicio del gobierno de Miguel Antonio Caro y autor del libro Casanare (1896), cuenta que era de origen venezolano y que había formado el hato Mata de Palma en la vecindad de Trinidad, sobre el río Pauto, en 1856. La mujer de Oropeza era Josefa Esteves y su hermano Jacinto –casado a su vez con una hermana de Oropeza– era dueño del hato vecino.

Cuando murió Ramón, en 1914, se desató un pleito que duró varios años, en el que las familias Oropeza y Esteves se trenzaron en una serie interminable de denuncias y acusaciones. José Nieto decidió contratar al recién graduado Rivera por su tesis Liquidación de las herencias, pues había comprado el ganado a los herederos de Oropeza-Esteves. A los pocos meses de llegar a Orocué, Rivera, no se sabe por qué, pasó a defender a la contraparte representada por Josefa Esteves. Perdió el pleito en el tribunal superior de Santa Rosa de Viterbo, pero de su estancia en los llanos de Casanare y de su amistad con Luis Franco Zapata en Orocué surgió la primera parte de La vorágine.

José Eustasio Rivera.
José Eustasio Rivera.
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¿Quién escribió "La vorágine"?

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Algunos han sostenido que Rivera no escribió La vorágine, sino que la plagió. Para John Brown, un negro estadounidense que trabajó en las caucherías de la Casa Arana, “Esa es pura novela. Dice muchas mentiras. José Eustasio Rivera no estuvo aquí. La novela no es de él. Para escribirla le compró el manuscrito a Arturo Cova… Conocí a Arturo Cova… y a Alicia. La turca no existió”. Otros, en cambio, han querido desdeñarla por inexacta. En Aguas arriba, Alfredo Molano recogió el testimonio de Carlos Palau, un viejo colono del Guaviare, que por su parte sostuvo que Rivera “era un mentiroso que no salió del mosquitero por miedo a los mosquitos y nunca conoció a los Barrera y mucho menos a la Madona... La tal Alicia nunca existió, y Arturo Cova era un cauchero de Puerto Espín [sic] que tenía dieciséis peones y que fue tan malo o tan bueno como Barrera”.

En parte la magia de La vorágine está en que los personajes y situaciones ocurrieron y no ocurrieron, y Rivera jugó con este efecto para que nos preguntáramos hasta dónde termina la realidad e inicia la fantasía, hasta dónde escribe Cova y retoma Rivera, y cuál de ellos dice la verdad.

Panorámica de Nueva York.
Panorámica de Nueva York, circa 1928.
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La otra selva

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José Eustasio Rivera murió en Nueva York el 1 de diciembre de 1928, a los 40 años. Allí se encontraba negociando los derechos de filmación de La vorágine y supervisando el tiraje de la quinta y sexta edición de su novela, en las cuales había incluido correcciones y varios cambios, como la sustitución de las fotos por cuatro mapas.

No sabemos de qué falleció Rivera. Los partes médicos describieron la sintomatología como la propia de un absceso cerebral o algo relacionado con el avance de la malaria que desde hacía varios años le aquejaba. Si fue lo segundo, la selva tampoco a él quiso perdonarlo.

El último evento público en que se le vio fue el 20 de noviembre, cuando despidió al piloto Benjamín Méndez Rey en el que fue el primer vuelo Nueva York-Bogotá. A bordo del Ricaurte (un Curtiss Falcon 0-1) iban dos ejemplares de la reciente edición de La vorágine, uno para la Biblioteca Nacional y otro para el presidente Abadía. Cinco años después de la muerte de Rivera, en plena guerra con el Perú, el Ricaurte –que participó en varias operaciones militares durante el conflicto– partió desde el Putumayo con dos tripulantes rumbo a la base de Flandes, Tolima. Pero nunca llegó. Los devoró la selva.

 

Documentos relacionados 

Carta - Eduardo Neale Silva, 1928. Archivo Rivera -Universidad de Caldas. 

Carta de Eduardo Neale-Silva a José A. Velasco, el gran amigo de Rivera en Nueva York, quien tras su muerte se encargó de levantar el inventario de sus efectos personales y de coleccionar valiosos documentos en torno a la vida del poeta, con los cuales preparó una exposición itinerante.

Anuncio de la muerte del poeta - El espectador, Bogotá, 1 de diciembre de 1828.

Correcciones a la quinta edición de "La vorágine" - José Eustasio Rivera. Archivo Rivera -Universidad de Caldas. 
 
Discurso - José Eustasio Rivera, 1928. Archivo Rivera -Universidad de Caldas. 

Discurso pronunciado por José Eustasio Rivera en Nueva York con motivo del primer vuelo Nueva York-Bogotá, realizado por el piloto Benjamín Méndez Rey.   

"La muerte del poeta Rivera en Nueva York" - El Mundo al día, 22 de diciembre de 1929. 

"El cadaver de José Eustacio Rivera lo traerá el gobierno" - El Espectador, Bogotá, 4 de diciembre de 1928.