Ilustración del Canto 32 del Infierno de la Divina comedia, grabado de Gustave Doré.
Ilustración del Canto 32 del Infierno de la Divina comedia, grabado de Gustave Doré.
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Claves para leer "La vorágine": viajes al inframundo 

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La vorágine es una nueva rendición del mito más influyente de la antigüedad greco-latina: Orfeo, poeta y semidiós cuya lírica conmovía hasta a las bestias y los elementos, descendió a los infiernos a rescatar a su esposa Eurídice, muerta por la mordedura de una serpiente.

Variaciones sobre este tema se encuentran en la historia de Jesucristo, que también bajó al infierno durante los tres días antes de su resurrección. En laEnenida, Virgilio narra cómo su héroe buscó en el Hades el espíritu de su padre. Por lo mismo, Dante quiso hacer de Virgilio su guía hacia el Averno, cuando “a la mitad de la vida” se “encontraba en una selva oscura”, en el comienzo de su Divina comedia.

El tema de Orfeo dio pie para que naciera la ópera en el siglo XVII, en particular con los “dramas para música” de Jacopo Peri, Giulio Caccini y, sobre todo, Claudio Monteverdi. También inspiró los ritos de iniciación masónica, tal y como se describen en La flauta mágica de Mozart. En Viaje al centro de la Tierra, Julio Verne produjo una versión secular y científica del viaje al inframundo, mostrándolo como un retorno al principio de los tiempos. Luego, en El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad retomó este último punto y situó el infierno –sede del terror colonial– en las profundidades del río Congo. Más o menos por la misma época, Alberto Rangel describió la vida de los caboclos en la selva amazónica en Inferno verde.

José Eustasio Rivera, que nunca alcanzó a leer a Conrad pero sí conoció la obra de Rangel, logró conciliar todos estos temas con la intuición de un genuino pensador de mitos. La vorágine es también la historia de un poeta que desciende al “infierno verde” a buscar a su amada y, como en el caso de Orfeo, su pesquisa termina en tragedia. Es un viaje iniciático a la sombra de la explotación cauchera, en el que Arturo Cova encuentra el lado salvaje de su existencia y sabe que a su paso no dejará “más que ruido y desolación”.

Algunos pasajes de Infierno verde delatan su fuerte influencia en La vorágine. Quien obsequió esta novela a Rivera aparece mencionado en las últimas páginas del diario de Arturo Cova: 

Y en San Gabriel, pueblo edificado sobre el congosto por donde el río gigante [el Vaupés] se precipita, hubimos de abandonar el bongo para no arriesgarlo en el raudal. El prefecto apostólico, Monseñor Masa, nos acogió benévolamente y nos ha ofrecido la gasolina de la Misión para seguir a Umarituba. 

En un artículo clásico, Eduardo Neale-Silva observó que el presbítero no asumió la prefectura hasta principios de 1920, lo cual sitúa la acción de los últimos días de La vorágine hacia esa fecha.