Árbol y hombre
Árbol y hombre. [entre 1811 y 1883], agua y tinta sobre papel 25x10 cm.
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El artista como historiador

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Memorias de guerra: la Campaña del Sur y otras batallas
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Las Juanas: mujeres en la guerra
Batalla de Calibío
Batalla de Juanambú 
Batalla de Boyacá y Acción del castillo de Maracaibo
Batalla de Tacines
Batalla de los Ejidos de Pasto
Batalla del Llano de Santa Lucía
Batalla del Río Palo
Batalla de la Cuchilla del Tambo
Memorias de la prisión 

Las representaciones artísticas realizadas durante el siglo XIX por Espinosa están permeadas por la preocupación de construir una memoria visual reinterpretando un pasado legendario, la independencia, engrandeciendo individuos excepcionales, modelos de virtud y héroes de la Patria. 

Sus obras de pintura histórica poseían para la época, además de un valor artístico, importancia patriótica, al recordar y mantener viva en la memoria de la sociedad la gesta de la independencia.

En el texto Breve noticia de las pinturas, dibujos y esculturas presentadas en la Exposición Nacional del 20 de julio de 1871, Miguel Leonidas Scarpetta y Saturnino Vergara comentan al respecto de la obra de Espinosa:

«Y como quiera que la galería de retratos de nuestros Padres de la Patria están en primer término, diremos: que aun cuando en su mayor parte no tienen mérito artístico, sí merecen figurar, con orgullo de nuestra parte, en la Exposición, sea porque este gran certamen de manufacturas, artes, productos naturales, etc. se abrió el 20 de julio de 1871, día de regocijo popular en memoria de nuestro primer paso en la vía peligrosa de la emancipación de nuestros déspotas gobernantes españoles; o bien porque estas figuras deben pasar de generación en generación como enseña el heroísmo y virtudes republicanas». (Medina, 1978)

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Fragmento de "Acción del Castillo de Maracaibo", batalla naval de 1823, 1840. Museo Nacional de Colombia
Fragmento de "Acción del Castillo de Maracaibo", batalla naval de 1823, 1840. Museo Nacional de Colombia.
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Memorias de la guerra: la Campaña del Sur y otras batallas

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José María Espinosa pintó retratos de héroes y acciones bélicas, pero también escribió memorias, gracias a que vivió en carne propia la guerra como abanderado de Nariño. En sus pinturas hay un esfuerzo por establecer una narrativa e ilustrar el desarrollo de la batalla, los acontecimientos, los protagonistas y los participantes de la acción, la cultura material, los uniformes, las armas, los vestidos, los atuendos y las costumbres. En sus telas el artista muestra que las guerras fueron ganadas por los héroes con el apoyo de la totalidad de la sociedad.

Las representaciones de batallas adquirieron gran importancia y son tal vez las obras más novedosas entre los temas desarrollados con el surgimiento de la República. La mayor cantidad de pinturas realizadas por Espinosa sobre esta temática describen confrontaciones y escaramuzas ocurridas especialmente durante la primera república en la Campaña del Sur (1813-1816). Espinosa realizó ocho pinturas sobre batallas y acciones.

Al igual que otros pintores, concibe primero el paisaje y después incluye los elementos de la batalla, como armas, soldados, caballos, cañones y campamentos, donde demuestra su habilidad como miniaturista. Otro aspecto importante en este aprendizaje fueron los grabados europeos que llegan al continente y que sirvieron de modelo a los pintores locales para componer sus obras. El hecho de que Espinosa pintara estas batallas tiene una particularidad: él mismo fue actor y testigo de estas acciones al enrolarse en el ejército patriota a los 16 años como abanderado. Este ejército fue comandado por el precursor Antonio Nariño para tratar de contener la invasión española desde el Sur.

Estas pinturas de batallas fueron compradas en 1872-1874 por el gobierno de Murillo Toro en un contexto que buscaba legitimar el presente desde la construcción de un pasado heroico.

Batalla de Alto Palacé
Batalla de Alto Palacé.
ca. 1845-1860, oleo sobre tela,(79 x 120 cm). Casa Museo 20 de Julio.
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Batalla de Alto Palacé

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Espinosa inició la representación pictórica de sus ocho batallas con el triunfo de la batalla del Alto Palacé el 30 de diciembre de 1813, primera gran victoria en la Campaña del Sur. En los planos de fondo de la tela se ve a Nariño a caballo liderando su ejército en persecución de los realistas que huyen por un puente, mientras que en los primeros planos reses pastan y desavisados campesinos observan la reyerta. Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«El 30 de diciembre atacamos a Sámano en el Alto Palacé, donde se había situado, cuando supo que nos acercábamos. Este jefe tenía un fuerte ejército compuesto en su mayor parte de gente de pelea. Nuestra vanguardia, al mando del mayor general Cabal, fue suficiente para detenerlos, y aunque hicieron frente, en poco tiempo quedaron del todo derrotados y después fueron perseguidos por la caballería» (p. 23).

Mujeres combatientes. Fragmento de la "Batalla de los Ejidos de Pasto"
"Mujeres combatientes. Fragmento de la "Batalla de los Ejidos de Pasto" , ca. 1845-1860, Museo Nacional de Colombia.
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Las Juanas: mujeres en la guerra

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Los documentos sobre las guerras de la independencia narran infinidad de acciones heroicas realizadas por mujeres en el bando patriota apoyando las guerrillas, como espías y mensajeras en el correo secreto y otras como las  “Juanas” que acompañaban a sus maridos en las campañas y batallas.

Un aspecto que se debe resaltar en las pinturas de las batallas de Calibío, Tacines y Ejidos de Pasto es que por primera vez toda la sociedad está representada en la contienda. Las mujeres juegan un papel fundamental: están en el frente de batalla auxiliando a los soldados heridos, abasteciendo y alimentando las tropas y en algunos casos, apoyando con municiones y luchando al lado de los hombres. Es tanta la devoción y el compromiso de las “Juanas” que llegan al extremo de estar con sus pequeños hijos en los campos de batalla acompañando a sus maridos.

Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«En pos del ejército iba una bandada de mujeres del pueblo, a las cuales se ha dado siempre el nombre de voluntarias (y es muy buen nombre porque éstas no se reclutan como los soldados), cargando morrales, sombreros, cantimploras y otras cosas. El general Nariño no creyó concerniente, antes si embarazoso, aquel ejército auxiliar, y prohibió que continuase su marcha, para lo cual dio orden terminante a los paseos de que no les permitiesen el paso y las dejasen del lado de acá del río. Llegamos a Purificación, y a los dos días de estar allí se nos aparecieron todas las voluntarias. Ya era visto que el Magdalena no las detenía, y así el general dio orden de que dejasen seguir a estos auxiliares, por otra parte muy útiles, a quienes el amor o el patriotismo, o ambas cosas, obligaban a emprender una dilatada y trabajosa campaña. El general Bolívar mismo reconoció en otra ocasión que no era posible impedir a las voluntarias que siguiesen al ejército, y que hay no sé qué poesía y encanto para la mujer en las aventuras de la vida militar». (1983, 20)

Batalla de Calibío
Batalla de Calibío.
ca. 1845-1860, Óleo sobre tela, (80.5 x 121.5 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla de Calibío

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El 15 de enero de 1814 ocurrió la acción de Calibío. En el centro, en los primeros planos de la pintura sobre esta batalla, aparece Antonio Nariño dando la orden de avanzar; a su lado aparecen el mayor general José María Cabal y el brigadier José Ramón de Leiva. Atrás de la línea de los soldados patriotas que avanzan se ven dos mujeres de sombrero socorriendo a un herido. La línea de soldados patriotas perfectamente uniformados y disciplinados que avanza contra los realistas parece pertenecer a un ejército europeo y no a uno de patriotas. Como bien se sabe, la mayor parte de las tropas republicanas eran improvisadas y bastante pobres como para estar todos uniformados y siguiendo maniobras de tropas experimentadas.Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«[…] nos formamos al frente del enemigo. Rompió éste el fuego de artillería, que fue contestado por el fuego de la nuestra, y a pocas descargas dio el general Nariño la orden de avanzar, y así comenzó a batirse la fusilería de una y otra parte, lo que duró tres horas largas, y al fin, después, de un reñido combate, se decidió la victoria en nuestro favor, sufriendo los españoles la más completa derrota y quedando el campo cubierto de cadáveres, entre ellos, el de Asin y ocho oficiales más. Contamos cosa de 400 entre muertos y heridos y se tomaron más de 300 prisioneros, entre ellos el coronel Solís y seis oficiales. Todo el armamento, con ocho piezas de artillería, cayó en nuestras manos… En lo rudo de la batalla era un estímulo para nosotros ver el arrojo e intrepidez de Nariño, que desafiaba audazmente los mayores peligros y se hallaba en todas partes dando ejemplo de valor y serenidad». (1983, 25)

   

Batalla de Juanambú
Batalla de Juanambú.
ca. 1845-1860, Óleo sobre tela, (80 x 120 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla de Juanambú

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Con las derrotas sufridas ante Nariño, Sámano fue sustituido en el mando de las fuerzas realistas por Melchor Aymerich, quien reorganizó las fuerzas españolas, pastusas y patianas, y se preparó a enfrentar a Nariño. El 28 de abril de 1814 ocurre la acción de Juanambú. Esta es la única representación de batalla realizada por Espinosa que ocurre en la noche. Los patriotas enfrentaron trincheras realistas y cruzaron el río para finalmente hacer retroceder a los españoles y sus aliados pastusos y patianos. En los primeros planos de la pintura se ven las dificultades para bandear el río y las considerables pérdidas por intentarlo. Al fondo se alcanzan a divisar las fortificaciones y el choque de los ejércitos iluminados por el fuego de la batalla y la luna llena.Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«[…]se impacientó Nariño y dio orden de pasar el río y atacar las trincheras. Así se hizo con grande intrepidez bajo los fuegos del enemigo, el cual se retiró cuando vio ya todo nuestro ejército del otro lado. Seguimos en su persecución, pero era una empresa temeraria: no fue posible dominar las formidables trincheras superiores, y entonces volvieron a cargar sobre nosotros y nos hicieron gran daño, especialmente con las grandes piedras que nos arrojaban. Ya cerca del anochecer fue preciso emprender la retirada y repasar el río, después de haber perdido como cien soldados y los valientes oficiales Pedro Girardot (hermano del famoso Atanasio) e Isaac Calvo y como cincuenta heridos, entre ellos seis oficiales. Nuestros valientes murieron unos de bala y metralla, otros aplastados por las piedras y otros ahogados». (1983, 34)

Acción del castillo de Maracaibo, 1823
Acción del castillo de Maracaibo, 1823.
1840, Óleo sobre tela, (87 x 124 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla de Boyacá y Acción del castillo de Maracaibo

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Espinosa realizaría otras batallas asociadas a las guerras de independencia en las cuales no participó, como la acción de Maracaibo y la batalla de Boyacá.

La acción de Maracaibo fue una batalla naval en 1823 que permitió la libertad del Caribe y parte de Venezuela. Este triunfo quedó inmortalizado en el óleo de Espinosa que muestra la flota patriota y las fortificaciones realistas. Para componer esta acción Espinosa abordó los grabados detallados sobre la batalla realizados por Jayme Brun en la década del veinte.

Para la su versión de la batalla de Boyacá de 1840, Espinosa visitó el valle de Sogamoso en una tentativa de impregnarse del local, del paisaje donde ocurrieron los episodios, de tomar apuntes y hacer bocetos. Espinosa también consulta testimonios orales y fuentes escritas para componer su versión pictórica de la batalla. Desde mucho antes, en 1824, Espinosa había realizado algunos bocetos de las batallas del Pantano de Vargas y de Boyacá.

Batalla de Tacines
Batalla de Tacines.
ca. 1845-1860, Óleo sobre tela, (80 x 120 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla de Tacines 

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En la medida en que las fuerzas patriotas lideradas por el Precursor continuaron su marcha hacia el sur, que se encontraba bajo control realista, los enfrentamientos se recrudecieron. La batalla de Tacines ocurrió el 9 de mayo de 1814. En ella nuevamente triunfaron los republicanos con la derrota Melchor Aymerich, quien huye a Pasto. La pintura realizada por Espinosa sobre la batalla destaca en los primeros planos a indígenas realistas descuartizando una res que acaban de robar. En el centro de la composición, en medio de nubes de humo y fuego, Nariño arenga y lidera a sus tropas en medio de la batalla. Al lado izquierdo, nuevamente detrás de las filas de soldados aparecen unas mujeres socorriendo a los heridos y no lejos de allí se alcanza a visualizar el campamento patriota en el que ondea la bandera tricolor. Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«En la altura de Tacines estaba el campo enemigo con la artillería, y en la falda se hallaba la infantería, parapetada, como siempre, con buenas trincheras.  Como a las siete de la mañana se rompieron los fuegos de artillería y fusilería y se emprendió la subida protegida por cañones de a cuatro y obuses. A mediodía estábamos ya en la mitad de la cuesta, y hacían estragos los fuegos del enemigo en nuestras filas, por estar ellos emboscadas y nosotros al descubierto. Pero no era posible luchar tan desigualmente y con tanta desventaja; nuestra gente comenzaba ya a flaquear, y aún hubo compañías enteras que echaban pie atrás. Viendo esto Nariño y temiendo que los demás siguieran el ejemplo, pica espuelas a su hermoso caballo zaíno y grita: “¡Valientes soldados: a coronar la altura; síganme todos!”. Al ver los soldados que su jefe se arroja con espada en mano, se reanima su valor, olvidan la fatiga y el peligro y le siguen denodados. Nariño fue el primero que puso el pie en el campo enemigo. Uno de sus ayudantes de campo, el teniente Molina, murió a su lado, como un valiente… A las tres de la tarde habíamos ya arrollado al enemigo, desalojando toda la línea de sus más fuertes posiciones. A las cinco el campo era nuestro». (1983, 37-38)

Batalla de los Ejidos de Pasto
Batalla de los Ejidos de Pasto.
ca. 1845-1860, Óleo sobre tela, (80 x 120 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla de los Ejidos de Pasto

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Con la derrota realista de Tacines el camino a Pasto le quedó libre al general Nariño. A las puertas de la ciudad se dio un combate decisivo: la batalla de los Ejidos de Pasto el 10 de mayo de 1814 con Sámano de nuevo al frente de las fuerzas realistas. En el primer plano de la pintura, Espinosa representa a un soldado disparando en dirección al bosque, acompañado de su mujer que le lleva municiones y no lejos de allí otra mujer sostiene un niño en brazos. En los planos de fondo, en el centro de la composición, Nariño se defiende junto a su caballo muerto. A la derecha, los ejércitos patriotas en desbandada luchan bravamente a las afueras de la ciudad de Pasto.

Los patriotas fueron derrotados en los Ejidos de Pasto, batalla en la que Nariño fue herido y quedó prácticamente solo por la desbandada de sus tropas que lo creían muerto. Nariño intentó esconderse pero finalmente se entregó y acabó hecho prisionero en julio de 1814, enviado a la prisión real de Cádiz en España.Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«Al anochecer nos atacaron formados en tres columnas. Los nuestros se dividieron lo mismo, y la del centro, mandada por Nariño en persona, les dio una carga tan formidable que los rechazó hasta la ciudad. La intrepidez del general era tal, que yo olvidaba mi propio peligro para pensar en el suyo, que era inminente. Pero las otras dos alas habían sido envueltas y rechazadas, y los jefes, viendo que Nariño se dirigía a tomar una altura para dominar la población, lo creyeron derrotado y comenzaron a retirarse en dirección de Tacines, donde estaba el resto del ejército, para buscar su apoyo. A media noche Nariño resolvió retirarse también, pues no le quedaban sino unos pocos hombres y las municiones se habían agotado durante la pelea. Si la gente que estaba en Tacines se hubiese movido, como lo ordenó él repetidas veces, nosotros, reforzados, habríamos resistido; pero no se cumplieron sus órdenes, no sé por qué». (1983, 39).

Batalla del Llano de Santa Lucía
Batalla del Llano de Santa Lucía.
ca. 1845-1860, Óleo sobre tela, (81 x 121 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla del Llano de Santa Lucía

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Las fuerzas patriotas, en las cuales se incluye José María Espinosa, después de la prisión de Nariño continuaron la lucha contra los realistas al mando del general José María Cabal. Como el enfrentamiento del llano de Santa Lucía. 

Batalla de Río Palo
Batalla de Río Palo.
ca. 1845-1860, Óleo sobre tela, (81 x 121 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla del Río Palo

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La batalla del Palo o del río Palo, librada el 5 de julio de 1815, fue ganada por los patriotas al mando de los generales José María Cabal, Carlos Montufar y Manuel Serviez, logrando la pacificación del Cauca durante un año. La panorámica de la batalla pintada por Espinosa muestra al fondo, entre nubes de humo, el choque simultáneo de los ejércitos que intentan cruzar el río. Al fondo a la derecha se divisa un campamento. En los primeros planos se destacan dos militares a caballo, uno de ellos el general José María Cabal y el otro probablemente sea el francés Dafaure que comandaba la caballería.Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«Llegó por fin la hora de la pelea con el ejército enemigo. Al toque de marcha avanzamos divididos en tres columnas, quedando la caballería al pie de una loma para aguardar su turno. Se rompió el fuego de una y otra parte por hileras, y a poco se hizo tan general y tan vivo que ensordecía, a lo cual se agregaba el incesante tocar de las bandas y tambores. Como no corra viento, la inmensa masa de humo se había aplanado y no podíamos vernos unos a otros; yo avanzaba siempre, pero sin saber si me acompañaba mi gente; y en medio de esta confusión sentía silbar balas por sobre mi cabeza y muchas veces el ruido que hacían al rasgar la bandera, la cual acabó de volverse trizas aquel día. Varias veces tropecé con los cadáveres y heridos que estaban tendidos en el suelo, y cuando el humo se disipó un poco, vi que algunos de ellos eran del enemigo, lo que me probaba, o que iban en retirada, o que yo había avanzado demasiado hasta meterme en sus filas: tal era la confusión, el caos en que me veía envuelto, sin darme cuenta de lo que pasaba. Fue tal el ímpetu con que se acometió nuestra gente y el ánimo y ardor con que peleó, que en el poco tiempo quedaron arrollados y deshechos los batallones realistas, operación que vino a completar muy oportunamente la caballería, al mando del francés Dafaure. Esta acción de guerra fue sin duda una de las más notables y reñidas de aquella época y de las más importantes por sus consecuencias, pues por entonces quedó pacificado el Cauca y libre de enemigos». (1983, 66-67)

Batalla de la Cuchilla del Tambo
Batalla de la Cuchilla del Tambo.
ca. 1845-1860, Óleo sobre tela, (81 x 121 cm). Museo Nacional de Colombia.
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Batalla de la Cuchilla del Tambo

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Para el año de 1816, en vísperas de la batalla de Cuchilla del Tambo, la situación era desesperada para la Nueva Granada. Desde Quito y Perú se enviaron refuerzos realistas a Pasto para la ofensiva hacia Popayán. Desde Cartagena, Pablo Morillo avanzaba con la Reconquista. Santafé y el centro del país ya habían sido ocupados por los generales Latorre y Calzada, y la única zona libre y que aún podía hacer algún tipo de resistencia era el Sur (Popayán y Cali).  El 29 de Junio de 1816 el brigadier Juan Sámano, quien llegaría a ser virrey, enfrentó en la Cuchilla del Tambo su ejército de dos mil hombres a un menguado ejército patriota de 770 soldados al mando del coronel Liborio Mejía. En la pintura, el artista muestra las posiciones realistas y patriotas en pleno choque a pesar de las dificultades del terreno. La última resistencia patriota del sur cae y los restos de los ejércitos patriotas de la Nueva Granada huyen a los llanos del Casanare.

Cuenta el artista en Memorias de un abanderado:

«[…] pero esto no impidió que una columna enemiga nos cortase y envolviese todo nuestro ejército, ya muy diezmado, a tiempo que éste se retiraba de los atrincheramientos, cediendo al mayor número. Ya no era posible obrar en concierto: cada cual hacía lo que podía, y nos batíamos desesperadamente, pero era imposible rehacerse, ni aun resistir al torrente de enemigos que, saliendo de sus parapetos, nos rodearon y estrecharon hasta tener que rendirnos. Sucumbimos, pero con gloria: no hubo dispersión, ni derrota propiamente dicha. Grande fue el número de muertos y heridos y mayor el de los prisioneros que quedamos en poder de los españoles por una imprudente precipitación en tomar la ofensiva por nuestra parte. Parecía como que un destino ciego nos guiaba a esta pérdida segura, pues todos conocíamos el peligro, la inferioridad de las fuerzas y todas las circunstancias que hacían temeraria nuestra empresa». (1983, 81)

 

Dos hombres en el cepo
Dos hombres en el cepo, [1850?]. Tinta sobre papel 16 X 26 cm.
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Memorias de la prisión

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Después de la derrota patriota en la batalla de Cuchilla del Tambo ante los realistas en 1816, Espinosa es tomado como prisionero junto con otros patriotas y llevado a Popayán. En la cárcel, su vida corrió riesgo en varias ocasiones. Espinosa registró uno de estos momentos en El quintamiento, uno de sus primeros dibujos conocidos.

El quintamiento era un tipo de ejecución, que consistía en formar con los prisioneros una fila y contar cinco de derecha a izquierda y al quinto se le sentenciaba a muerte. Posteriormente, Espinosa retomó el mismo tema en una acuarela de 1869. Durante su temporada en la prisión el artista realizó muchos dibujos como retratos y caricaturas. Se dice que aprendió de un sargento pastuso a preparar varios colores que los indígenas usaban para sus tejidos.

Cuenta el historiador Camilo Calderón que antes de publicar sus Memorias:

«Espinosa volvió a pintar la Quintada, esta vez en el álbum del historiador José María Quijano Otero, que se conserva en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Quijano envió su álbum a cinco sobrevivientes de la Campaña del Sur y les pidió que apuntaran en él algún evento presenciado por ellos… Espinosa prefirió narrar el episodio del quintamiento y lo acompañó con acuarela en que presenta con más detalle al grupo de prisioneros y el patio de la cárcel, llegando incluso a diferenciar con detalle los vestidos de los patriotas. El caricaturista y dibujante incluyó también algunos elementos humorísticos: el jefe realista aparece ahora de espaldas y en la pared dibuja su réplica junto a un perro y otros personajes en forma de graffiti, así como el letrero “cuantummecliormorior”, una máxima estoica». (2001, 629)