Escudo de armas del arzobispo Antonio Caballero y Góngora
Escudo de armas del arzobispo virrey Antonio Caballero y Góngora en "Edicto para manifestar al público el indulto general, concedido por nuestro Catholico Monarca el Señor Don Carlos III : a todos los comprehendidos en las revoluciones acaecidas en el año pasado de mil setecientos ochenta y uno". España, 1782. Biblioteca Nacional de Colombia, F. Quijano 254 pza 10
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La imprenta sin Independencia (1782-1810)

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Antes de la Independencia, el acceso a la imprenta en la Nueva Granada fue muy restringido. Más allá de novenarios y esquelas con motivos variados, el revolucionario invento de Gutenberg había sido utilizado, de manera casi exclusiva, por las autoridades españolas con el único fin de “fixar la opinión” y otorgar un rumbo definido a la circulación de la información.

A pesar de la aparición de los primeros semanarios como Papel Periódico de Santafé en 1791, El Correo Curioso en 1801 y el Semanario del Nuevo Reyno de Granada en 1808, la comunicación política de finales de la época colonial mantuvo un carácter vertical y unidireccional. “Se comunicaba para el cumplimiento” sin esperar ni admitir réplica alguna. Frente al extendido analfabetismo de la población neogranadina, el protocolo para la publicación de un impreso oficial incluía la lectura pública, por medio de un pregonero, lo que se conocía con el nombre de “bando”, y su fijación en los lugares de alta circulación, de manera que nadie pudiera alegar ignorancia. Otro medio muy común para garantizar la efectividad de los mensajes era el uso del púlpito.

Estas características, propias de la comunicación política de las sociedades de aquel entonces, no impidieron, sin embargo, que la circulación de la información escapara al control de las autoridades a través de la correspondencia personal, el uso de carteles y pasquines manuscritos, y los canales vivos de la comunicación oral que permitían un flujo constante de rumores y noticias cotidianas.

Documentos relacionados

Sentencia de muerte contra los capitanes comuneros Galán, Ortiz, Molina y Alcantuz - Bogotá, 30 de enero de 1782. 

Los levantamientos populares ocurridos en la Nueva Granada durante 1781, en respuesta a las reformas fiscales introducidas por la Casa Borbón, ocasionaron el recrudecimiento de la vigilancia de las autoridades españolas sobre la población común. Para escarmentar al pueblo y poner fin a sus conductas subversivas, a finales de enero de 1782 se imprimió y publicó la “Sentencia de muerte de José Antonio Galán, Isidro Molina, Lorenzo Alcantús y Manuel Ortiz”, importantes líderes del levantamiento. Meses después, todos los demás implicados en los actos de sedición fueron indultados por orden de Carlos III.

[...] declaramos que esta sentencia debe ser ejecutada sin embargo de súplica, ni otro recurso, como pronunciada como a reos convictos, confesos y notorios; de la cual cumplida que sea, y puesto de ello certificación, se sacarán los testimonios correspondientes para remitirlos a los jueces y justicias de Su Majestad en todo el distrito de este Virreinato, para que leyéndola los tres días primeros de mayor concurso, y fijada en el lugar más público, llegue a noticia de todos, sin que nadie sea osado de quitarla, rasgarla ni borrarla, so pena de ser tratado como infiel y traidor al rey y a la patria.

"Proclama" en la que Amar y Borbón comunica a los habitantes del Nuevo Reyno de Granada la abdicación forzosa de Fernando VII - Antonio Amar y Borbón, Bogotá, 15 de septiembre de 1808. 

En 1808, Napoleón Bonaparte invadió la península ibérica obligando al rey Fernando VII a abdicar. En su lugar, Napoleón coronó a su hermano Josef, conocido como Pepe Botellas, por su afición a la bebida. La noticia atravesó el océano Atlántico y se conoció en Santafé a comienzos de septiembre de ese año. Días más tarde, un comunicado emitido por el virrey Amar y Borbón invitaba a los habitantes del Nuevo Reino de Granada a echar mano larga en sus bolsillos en nombre del rey y a contribuir de la mejor manera posible a engordar las arcas para la guerra con Francia.

¿Tendreis en ménos el esplendor de nuestra sacrosanta Religion, la lealtad que tanto resplandece en vuestras acciones; ménos amor á nuestro Estado legítimo, á nuestras leyes, á nuestro gobierno; menos cariño a vuestras mujeres y a vuestros tiernos hijos; menos horror á la tiranía y esclavitud con que os amenzan las huestes del enemigo común para luego que haya subyugado y aherrojado á nuestros hermanos, lo que no pueden permitir los Cielos?

Don Antonio Amar y Borbón comunica medidas frente a los levantamientos de Quito - Bogotá, 28 de septiembre de 1809. 

Aunque en todos los rincones de la América española se proclamaba a voz en cuello la lealtad a la causa de Fernando VII, pronto su ausencia, sumada a los diversos intereses políticos y económicos regionales, provocó levantamientos locales en diferentes poblaciones. El primero de ellos, cuyo resultado fue el desconocimiento de las autoridades españolas y la fundación de una junta de gobierno conformada por criollos, tuvo lugar en la ciudad de Quito, el 10 de agosto de 1809, y puso en alerta a todo el sistema de gobierno español en América.

Don Josef, rey de las Españas, se dirige a sus nuevos súbditos - José Bonaparte, Madrid, 2 de octubre de 1809.

En tanto las noticias sobre la guerra con Francia circulaban de boca en boca, don Josef, nuevo Rey de las Españas, intentaba desesperadamente ganar el favor de sus recién adquiridos súbditos por medio de un particular impreso en el que su mandato real aparecía como voluntad espontánea de Fernando VII.

Si contra mi esperanza persistiereis en vuestro error, os castigaré como á unos hijos rebeldes; y tan severos serán los castigos exemplares que impondré sobre los xefes de la rebelión, que los mas intrépidos temblarán; pero si tranquilamente os sometiereis á la causa de la justicia y de la razón, os recompensaré según lo mereciéreis.

Bando de la Junta Suprema de Gobierno de Santafé al pueblo (1810) - Bogotá, 23 de julio de 1810. 

En 1810, una repentina explosión de levantamientos locales contra las autoridades españolas erosionó de manera irreversible el estado de las cosas. En algunas ciudades se levantaron juntas de gobierno conformadas por criollos, que pretendían actuar en nombre del pueblo y el rey. En julio, esta oleada alcanzó la capital del virreinato. Para los criollos al mando, que se habían adjudicado la representación de los intereses generales, las semanas que siguieron al 20 de julio se constituyeron en una pesadilla por el amotinamiento constante de los sectores populares que exigían destitución inmediata y cárcel para las autoridades españolas. Hechos similares que manifestaban una participación activa y divergente del pueblo en los acontecimientos, se presentaron en otros lugares.

Más que convocar una verdadera unidad entre las diferentes villas, pueblos, ciudades y provincias, la formación de la Junta de Gobierno de Santafé tuvo un efecto contrario. Al ser destituido el virrey de su cargo, el principal vínculo político administrativo de la Nueva Granada con el gobierno español en América quedaba automáticamente disuelto y esto anulaba, a su vez, todo el sistema de jerarquías entre poblaciones. Aunque la Junta de Gobierno de Santafé pretendió mantener intacta su autoridad como centro político, la coyuntura fue propicia para que pueblos, ciudades y provincias buscaran desvincularse de su capital de cabecera. Si algo puso en evidencia el 20 de julio de 1810, fue la ausencia de unidad que reinaba en el virreinato.

Autolegitimación de la Junta Suprema de Santafé y contexto de los acontecimientos previos al 20 de julio (1810) - Josef Miguel Pey y Frutos Joaquín Gutiérrez, Bogotá, 29 de julio de 1810. Documento tomado del Museo de la Independencia, Casa del Florero.

«Pero felizmente en medio de estos temores y sobresaltos, una chispa eléctrica acaba de encender el fuego del Patriotismo. No es esta una revolución premeditada, no es un tumulto popular, en que el desorden precede a los estragos y a la carnicería: es un movimiento simultáneo pero pacífico de todos los Ciudadanos, que se agolpan a la Plaza y delante de las Casas Consistoriales».

Las juntas locales de gobierno, conformadas en su totalidad por conocidos abogados, científicos y hombres de letras, se atribuyeron a sí mismas la cualidad de intérpretes de la voluntad y las pretensiones de las masas, consideradas ignorantes. No cualquiera podía ser un legítimo portavoz de la opinión pública, pues para ello era menester cumplir con ciertos requisitos básicos, como un mínimo grado de ilustración. Tal y como había sido para el gobierno español, para las nuevas autoridades criollas, la opinión general, del pueblo, los pueblos o simplemente pública, constituía en su naturaleza de voz unánime y no divergente, el estado ideal de la sociedad.

Manuscrito de Popayán sobre acontecimientos del 20 de julio en Santafé (1810) - Junta Provicional de Salud y Seguridad Pública, Popayán, 14 de agosto de 1810. 

«Confiad desde ahora sobre la sinceridad de la intenciones del Gobierno que vela en la conservación de vuestros derechos; confiad en que los demás Pueblos Ámigos de la Provincia harán una causa común con nosotros, y que unidos todos trabajaremos el plan de nuestra organización política. La discordia no ha aplicado todavía sus teas á esta comarca, ni quiera el Cielo que nuestra regeneración sea obra del tumulto, del delirio, i de la degradación humana».

Concesión de ciudadanía a los indios por parte de la Junta Suprema de Gobierno de Santafé (1810) - Suprema Junta de Santafé, Bogotá, 24 de septiembre de 1810. 

El derecho de igualdad política fue uno de los conceptos más complejos de manejar, para nuestros llamados próceres, en el marco de los discursos que circularon en tiempos de la Independencia y durante las primeras repúblicas. Este suponía conceder iguales oportunidades a todos los ciudadanos del Estado, sin importar su origen de cuna ni el color de su piel. En una sociedad heredera del sistema colonial de castas, que se había mantenido durante casi tres siglos, la idea de “igualdad frente a la ley” contenida en la figura del ciudadano se constituía en uno de los pilares más complejos de fundar y sostener.