El obrero Moderno, Bucaramanga, No. 2, 25 de enero de 1913.

El obrero Moderno, Bucaramanga, No. 2, 25 de enero de 1913. 

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Censura de prensa

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El periodo de la Hegemonía Conservadora se caracterizó por un fuerte control a la prensa, sustentado en el artículo 42º de la Constitución Política de 1886, donde se estipulaba que la prensa era “libre en tiempos de paz, pero responsable con arreglo a la leyes, cuando atente contra la honra de las personas, el orden social o la tranquilidad pública”. Entre 1896 y 1899 hubo un breve periodo de libertad de prensa regulada por las leyes 157 de 1896 y 51 de 1898, pero esta legislación fue suspendida al iniciarse la Guerra de los Mil Días y se inició una época de fuerte censura oficial que, junto con las dificultades económicas y de comunicación propias del conflicto, obligó al cierre de la mayor parte de los periódicos políticos y literarios del país. La recuperación de la dinámica periodística fue un proceso lento, que sólo se alcanzó completamente después de 1909, tras el fin de la dictadura del Reyes.

En agosto de 1909, fueron derogadas todas las leyes sobre prensa del decenio anterior y se declaró en vigor la Ley 51 de 1898. Bajo esta ley se crearon un sinnúmero de periódicos políticos de diferentes tendencias que, tras años de mordaza oficial, querían hacer oír sus críticas contra el régimen social y político imperante. Sin embargo, ni el Gobierno ni el Clero estaban dispuestos a tolerar cuestionamientos, denuncias ni sarcasmos, y muy pronto reaccionaron para tratar de obtener mayor control sobre las publicaciones periódicas.

 

Ravachol, Bogotá, No. 11, 10 de septiembre de 1910

Ravachol, Bogotá, No. 11, 10 de septiembre de 1910

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Censura eclesiástica

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La principal arma del Clero para limitar la libertad de prensa era prohibir a los feligreses la lectura de ciertos periódicos y la excomunión. Esta última medida seguramente causaba temor y obediencia entre los creyentes católicos, pero, en general, la respuesta de las publicaciones obreras no fue la retractación o el silencio, sino que la ratificación de su intención de seguir denunciado la mala conducta del clero y publicaban artículos sarcásticos, donde ridiculizaban la excomunión, la jerarquía y el dogma católicos como el publicado en Ravachol.

“[…] Haciendo uso de nuestro santísimo derecho, excomulgamos solemnemente y ante todos los hombres sensatos y lectores del RAVACHOL, al Papa, a los clérigos, a los frailes, a las monjas, alcanzando nuestra formidable excomunión hasta los apaga-mechos y a todos los que difamen contra Nos y a nuestro santísimo periódico RAVACHOL. […]

Esta excomunión no será levantada hasta que a Nos no se nos dé la gana.

Dado en la república de los Ravacholistas al mes y tres días de la República libre”.

Fuente: “Excomunión formidable”, en Ravachol, Bogotá, No. 11, 10 de septiembre de 1910.

Además de acudir a prohibiciones y excomuniones, algunos sectores del clero trataron de ejercer influencia sobre los gobiernos para que se endureciera la legislación de prensa, convocando a manifestaciones públicas o recurriendo a pastorales, homilías y las publicaciones católicas. En algunos casos los señalamientos del clero contra algunos directores o colaboradores de periódicos dieron lugares a agresiones físicas. 

Documentos relacionados 

“Excomunión formidable”, en: Ravachol, Bogotá, No. 11, 10 de septiembre de 1910

 

Claridad, Bogotá, No. 57, 19 de julio de 1928

Claridad, Bogotá, No. 57, 19 de julio de 1928

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Censura gubernamental

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La Ley 73 de 1910 trató de proteger a la Iglesia católica de burlas o críticas mordaces, aumentado las penas para quienes incurrieran en estas faltas, también prohibió la publicación de hojas anónimas y aumentó la prescripción para los delitos de injuria y calumnia. Amparándose en esta legislación se iniciaron procesos contra algunos periódicos, como El Aguijón por haber publicado una caricatura donde se burlaban de una procesión religiosa. No obstante, el mayor periodo de represión a la libertad de prensa sobrevino tras la aprobación de la Ley 69 de 1928, más conocida como “Ley Heroica”. Muchos periódicos obreros y populares sufrieron persecución policías y judicial mediante allanamientos, decomiso de las ediciones y encarcelamiento de los directores. En Algunos casos, como le ocurrió a El Socialista, la hostilidad era tal que se suspendieron el servicio de agua a la oficina donde funcionaba el periódico sin causa alguna. 

Documentos relacionados 

“Los proyectos heroicos”, en: Claridad, Bogotá, No. 57, 19 de julio de 1928