Simón Bolívar, dibujo de Luis Caballero Holguín, 1977.
Simón Bolívar, dibujo de Luis Caballero Holguín, 1977.
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Sus figuras

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Hay cinco figuras que acompañaron la vida de Eduardo Caballero Calderón. Por Bolívar siempre sintió una irrestricta adoración. No sólo era la admiración por el hombre, el guerrero y el caudillo, sino también la convicción de que el sueño del Libertador de una gran nación era posible. Hasta su estilo al escribir, su capacidad de condensación y precisión fueron definitivos en cuanto pensó y escribió.

Nunca le gustó la tesis de que don Quijote y Sancho Panza representaban dos formas de ser, el idealismo por un lado y el realismo por el otro. Para él, El Quijoteera un libro sobre dos personas que entrañaban las contradicciones, ambigüedades, grandezas, miserias y misterios del ser humano.

Después de Cervantes, su autor preferido fue Marcel Proust. A pesar de que las digresiones del escritor francés podrían parecer opuestas a su búsqueda de sobriedad estilística, compartía con el autor de En busca del tiempo perdido la claridad de la prosa; su capacidad de observación para dibujar al ser humano y la conciencia del valor relativo del tiempo.

La lectura de la obra de santa Teresa de Jesús le ayudó a serenar y atemperar su espíritu, en ella encontraba luz cuando lo rodeaba la oscuridad. Gracias a esa iluminación, a esa compañía, pudo conseguir la lucidez que tanto defendía como valor.

Por último, la vida de Cristo, y su figura en los evangelios, pero no al Cristo triste y ensombrecido y oficial de las iglesias, sino la figura viva que también fue hombre, siempre lo acompañó. Lector incansable de los evangelios siempre tuvo una biblia en su mesa de noche y una cruz en su pared.