Portada de El cristo de espaldas.
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El novelista

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Si algo caracteriza la narrativa de Caballero Calderón es su decisión de contar las costumbres de la violencia y de la política en Colombia. Sus novelas, escritas con la conciencia de ser un testigo de su tiempo, se sirven de personajes y situaciones que son paradigmas de la tragedia nacional. Y su estilo, decididamente sencillo, es una elección estética que no se cansó de defender. “Sin esa sencillez, que pone al hombre de acuerdo consigo mismo, no se concebiría que un escritor como Dostoievski llegara a una tan perfecta identidad entre su alma y la del pueblo ruso”, escribió en una de sus columnas en El Tiempo, en 1942.

El Cristo de espaldas, su primera novela, publicada en 1952, por la editorial Losada en Buenos Aires, es una declaración de principios y una radiografía de la situación de violencia que se vivía y acaso se vive hoy en los pueblos colombianos. Después vendría Siervo sin tierra (1956), su libro más editado, que ahonda en el conflicto de los desposeídos de la tierra.

El 6 de enero de 1965 su novela El buen salvaje ganó el premio Nadal, para entonces el más importante de la lengua española, en el que se ocupa de la vida de un escritor en París que quiere escribir una novela y no puede. El fratricidio colombiano, sin embargo, lo devolvió al tema de la violencia y publicó Caín, una metáfora de la historia de los dos hermanos como enemigos condenados a matarse. En 1975 y 1976 publicó en España sus dos últimas novelas: Azote desapo Historia de dos hermanos.