eduardo Caballero Calderón y su hijo, Antonio Caballero Holguín.
Eduardo Caballero Calderón y su hijo, Antonio Caballero Holguín.
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El memorioso

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En 1962 fue nombrado embajador de Colombia ante la Unesco, en París, ciudad en la que escribió sus Memorias infantiles 1916-1924, publicadas en Colombia en 1964, con carátula de su hijo Antonio Caballero. Se trata de un libro que supone un viaje a la infancia y que para muchos es su mejor libro. La intensidad y sinceridad del estilo hicieron de esas memorias un compendio de recuerdos que sirven para entender cómo era Bogotá y sus costumbres en los albores de los años veinte. En ese entonces tenía 55 años. Vivía en un apartamento que presuntamente había habitado Marcel Proust y en el cual se dedicó a recordar la infancia como un sueño. “Por ser el mundo del niño un sueño muy largo, las cosas concretas tal y como son apenas lo impresionan. De ahí que cueste tanto trabajo recordarlas. Si las viéramos otra vez con nuestros ojos de hombres maduros, seguramente no las reconoceríamos”.

En 1979, publicó un segundo libro en el que la memoria es el motor. Hablamientos y pensadurías es un libro más heterodoxo, en el que aparecen no sólo el recuerdo personal, sino las preocupaciones intelectuales y los atisbos reflexivos de un hombre de 71 años. La carátula la hizo su hijo Luis y está dividido en doce capítulos o “cuadernos” sin orden, tema o intención aparente. Es una especie de bitácora de viaje en la que se consignan secretos, debilidades, intereses, admiraciones y angustias con una sinceridad y honestidad absolutas. Porque “para escribir tan sólo es menester una cosa, y esta es saber qué ha de mover la pluma para que escriba”.