Poesía francesa, antología. Andrés Holguín, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1954.
Poesía francesa, antología. Andrés Holguín, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1954.
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El hispanista 

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Así como Tipacoque fue el territorio de sus ficciones y realizaciones políticas y personales, España fue siempre el trasfondo y el lugar de la lengua, que es, en últimas, la patria misma. España como punto de llegada y de partida: “Al entrar a España por la raya de Portugal, cuando venía de Colombia, me asaltó una emoción tan honda que no puedo menos de concretarla en palabras. No tuve la impresión de llegar, sino la de volver”, escribe en Ancha es Castilla (1950).

Caballero Calderón vivió en España en dos oportunidades. La primera, de 1946 a 1948, como encargado de Negocios en la Embajada de Colombia. Fue entonces cuando la Real Academia de la Lengua lo recibió como miembro correspondiente, y en donde publicó libros que son testimonio del inmenso amor que sentía por don Quijote y la lengua española. Recorrió el país a fondo, consciente de que se trataba de un estado formado por muchos países y muchas gentes, siempre a la búsqueda de sus figuras tutelares que además del Quijote incluían a Teresa de Ávila, Goya, Velásquez, Felipe II y Francisco de Quevedo.

Su segunda estadía, de 1954 a 1957, fue por cuenta propia y en consecuencia fue el viaje de enraizarse y fundar empresas como la editorial Guadarrama, en compañía de Manuel Sanmiguel, cuyo catálogo incluyó a autores españoles de oposición al régimen de Francisco Franco; colombianos como José Asunción Silva, Tomás Rueda Vargas; una antología de poesía francesa traducida por Andrés Holguín y una colección de crítica y ensayo en la que sobresale La historia social de la literatura y el arte, de Arnold Hauser.